Cataluña: represión y fascismo

Antonio Maira (*)

En las últimas semanas los partidos del bipartidismo en el estado español, de constitución sagrada –pues al parecer representa el “estado de derecho”-, monárquica, rígida e intocable, han llevado a Cataluña y al Estado español a un creciente “estado de excepción”, en aplicación de la batería legislativa que habían preparado minuciosamente el PP y el PSOE. Tuvieron, desde luego, el acuerdo, primeramente en Cataluña y después en el resto del estado, de ese partido llamado, casi injuriosamente, Ciudadanos.

Nadie se ha dado prisa, por el momento, en derogar la Ley Orgánica de Seguridad Ciudadana (conocida como Ley Mordaza), bien amarradita ella pues necesita de una mayoría cualificada que, entre derogaciones, sustituciones o enmiendas negociables, se ha perdido, como señala El País “por los vericuetos del Congreso de los Diputados”. Eso es lo que es lo mismo que decir: en el terreno de nadie o en el campo de la violación de los derechos políticos definidos a gusto de los poderes públicos. Claro es una Ley “Orgánica” y, por lo tanto, necesita una mayoría absoluta para ser derogada o, simplemente retocada.

El Ministro de Justicia parlamenta en el Congreso

Tampoco se han dado ninguna prisa en derogar la Ley de Seguridad Privada que está generando una enorme violencia, casi estructural, que ha provocado decenas de muertos y que lleva el camino de convertir a los “guardias de seguridad” en una especie de semillero para las bandas fascistas que ya campean por sus respetos.

Así tenemos que ver a los policías, con doble orden estatal o autonómica, encarcelando por pegar carteles, convocar mitines, ir a la huelga, no acudir a las clases en las Universidades, o en los Institutos; amenazando con multas impagables a los ciudadanos: directores de Institutos por abrir las puertas de los colegios electorales, presidentes o supervisores de las mismas o simples componentes de las mismas por garantizar y recontar las votaciones. Nadie puede hacer nada de eso, ni tan siquiera exigir sus derechos fundamentales en la calle sin ser amenazado por el Código Penal por los delitos de sedición o de rebelión.

Y ya están las bandas fascistas manifestando su odio a Cataluña y a los catalanes, despidiendo de sus pueblos a los componentes de la Guardia Civil que salen para engrosar los enormes contingentes ya desplazados para allí, y a las propias fuerzas de policía autonómica, al grito salvaje de ¡A por ellos! ¡A por ellos!; que repiten, los propios ministros en sus homilías cotidianas, y los casi extasiados locutores de televisión que intentan colocarse en el centro de la balanza.

Jóvenes de la CUP pegan carteles en Barcelona

Da pena, desde el punto de vista democrático, acusar al Gobierno catalán de la responsabilidad de convocar un Referéndum –“que sin duda no lo es por falta de garantías” -, cuando el Gobierno central y la propia Fiscalía se aplican minuciosamente a destruir papeletas, negar el censo electoral, desconvocar bajo amenaza a todos los componentes de los órganos electorales, ordenar a la policía que cierre las mesas y los centros de votación, incluso que vigilen a la policía autonómica, amenazando a todos los catalanes y catalanas con multas astronómicas e incluso con la cárcel.

Presidente del PP en Cataluña

En todo este enorme despropósito, que está desbordando a todas las autoridades del Estado y exigiendo un proceso Constituyente, aparecen las raíces y las grandes ramas del franquismo y del fascismo.

¿Qué son sino franquismo o fascismo, los calificativos que merecen aquellos que están insultando a la CUP en todos los canales privados y públicos de TV y en casi todos los periódicos?

Les llaman con horror, comunistas, leninistas o antisistema, como si un calificativo u otro se refiriese a algo delictivo, anticonstitucional que debiera quedar fuera de un sistema político “democrático”.

Felipe VI rey en las Fuerzas Armadas

O si opinar y luchar como ellos, o proclamar la República, fuese un delito de lesa libertad o de lesa democracia. En este país, sin duda hace falta un proceso Constituyente y una puesta en cuestión de todos los valores morales y políticos. Así no nos ahogará colectivamente el miedo y, sobre todo, no servirá de excusa el silencio.


(*) Antonio Maira es analista político y capitán de Fragata de la Armada, miembro del Foro contra la Guerra Imperialista y la OTAN

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.