VICTIMAS Y RESISTENCIAS EN LAS GUERRAS IMPERIALISTAS. RESUMEN

Estamos en guerra. Incremento de la victimación

Hablar de víctimas en escenarios de guerra abierta desencadenada por estrategias imperialistas es una tarea que no puede enmascararse con el eufemismo de “daños colaterales”, ni reducirse a la asistencia de los refugiados que llegan a nuestras fronteras. Exige acercarse a la multiplicidad de formas de victimación que sufren las gentes atrapadas o forzadas a permanecer en lugares donde su seguridad y supervivencia están directamente amenazadas, y comprender la lógica del despojo que les agrede, impulsada por la anti-ética del sometimiento propia del imperialismo y que se sintetiza en el principio de que los intereses de la metrópoli y de la clase social que la gobierna son el referente último al que todo se somete.

La victimación es ingente y variada. Son víctimas las personas que pierden la vida a causa de un bombardeo y quienes ven sus viviendas reducidas a cenizas. Pero también quienes logran sobrevivir en medio gases tóxicos que les causarán la muerte años más tarde, los niños que se quedan sin escuelas o servicios de salud, los desterrados de sus hogares para salvar la vida (de las bombas o del hambre), quienes sufren la esclavitud de la explotación laboral o de las vejaciones sexuales, y ¡cómo no! los pueblos enteros sometidos a la tortura de los bloqueos económicos o al yugo de la dominación política y cultural que anula sus aspiraciones de libertad. Son víctimas todas las personas y pueblos que sufren daños físicos o materiales, psicológicos o morales, cualquiera sea la forma de victimación, en un escenario de guerra, abierta o de baja intensidad, como consecuencia de la lógica de dominación arbitraria sobre las voluntades de los individuos o de los pueblos.

La estrategia denominada “guerra contra el terror” desencadenada en la última década es la principal responsable de la multiplicación del número de víctimas. De hecho, la cifra de víctimas civiles producida por las guerras que se libran en el mundo actualmente es 30 veces superior al número de personas que mueren como consecuencia del terrorismo.

Para hacerse una idea de la magnitud de esta destrucción bélica, valga recordar que a) el número de personas muertas por acciones de guerra después de 1945 pasa de 20 Millones –MM-; b) que sólo en Irak, Afganistán y Pakistán, las guerras impuestas por las potencias occidentales, y en particular por la OTAN, han dejado probablemente más de 4 MM de muertos; que en Siria han muerto ya unas más de 300.000 personas y en R. D. del Congo y Darfur mueren cada año 750.000 personas; c) que el número de países en guerra, o en riesgo inminente, asciende ya a 46, con una población afectada de 2.700 MM de personas; y que d) el número de víctimas civiles alcanza ya el 90% del total, mientras los combatientes son sólo el 10%.

Hay segmentos de la población que pagan el más alto precio en estas campañas de exterminio, porque son los más vulnerables. Entre ellos destacan cuatro grupos de modo especial: A) Los MENORES: Un millón de niños afectados en Palestina; alrededor de 8 M en Siria; en África, 300.000 niños han sido esclavizados o empleados como arma de guerra; B) Las MUJERES: Acoso, violaciones, matrimonios precoces y forzados, sexo transaccional para abaratar el coste del viaje en busca de asilo o conseguir comida y ropa en los centros de recepción… La violencia sexual contra las mujeres se suma al drama migratorio para sirias, iraquíes, afganas… pero también eritreas, yemeníes, palestinas, nigerianas, somalíes, sudanesas, malíes etc.; C) Los DIFERENTES por motivos étnicos, de raza, religión o de opción sexual. Son las víctimas de la LIMPIEZA ETNICA. Lo vimos en los ’90 en Bosnia y Kosovo, y en Asia meridional; ahora, de modo especial, en África Central (Grandes Lagos, Sudán…etc.); D) Finalmente, los DESTERRADOS. Alrededor de 70 MM de desplazados forzosos en el mundo, una multitud que sigue creciendo. Según el Consejo Noruego para los Refugiados (NRC), en 2015 se han registrado 8.6 MM de nuevos desplazamientos a causa de la violencia y la guerra en 28 países, en especial en Yemen (2,2 MM), Siria (1,2), Irak (1,1), Ucrania (0,9)…] Víctimas expulsadas de sus hogares que huyen en busca de refugio, aunque a veces los países de destino sólo ofrecen concertinas, gases lacrimógenos, estigmas xenófobos y expulsiones en masa. Las políticas de rechazo de los países europeos, coronadas por el Tratado de la vergüenza con Turquía, (20.03.2016) que liquida el derecho al asilo, son todo un ejemplo de esta re-victimación de los expulsados y de la degradación moral del Occidente capitalista.

Cómo funciona la dinámica imperialista en estas guerras

Ya se ha indicado que las víctimas no son efectos colaterales, sino el centro de las dinámicas imperialistas de desposesión de lo que las víctimas tienen, lo que son y lo que pueden llegar a ser. Se les despoja de la vida, o de la salud; de las raíces familiares; del territorio donde viven; del patrimonio que poseyeren; de la libertad, de la identidad social y cultural; de sus derechos humanos y políticos; y de su proyecto de vida, de su futuro, hasta llegar a despojarles de la propia conciencia. Todo un proceso que suele desarrollarse a través de cinco fases o estadios:

1) CONSTRUCCIÓN DEL ENEMIGO. Bajo el pretexto de la guerra global contra el terrorismo y el discurso de que todos somos víctimas potenciales, el imperio construye sus enemigos, siempre “tiranos” a los que hay que cortar el paso, a la vez que se presenta como el “garante de la libertad” de toda la humanidad.

2) RUPTURA DE LA CONVIVENCIA. El siguiente paso es la ruptura de los consensos convivenciales. Se reabren viejas heridas, o se crean otras nuevas y aparecen nuevos competidores armados. Se diseña y se crea una crisis de estabilidad sociopolítica. Así se ha hecho al alimentar tensiones nacionalistas en Ucrania, enfrentamientos entre suníes y chiíes en Oriente Próximo, o cuando se ha creado Al-Qaeda y todos sus sucedáneos. Incluso, las propias víctimas son utilizadas como armas de guerra o como instrumentos de desestabilización. Tal es el caso de los refugiados en R. Centroafricana, RD. Congo, Irak, Libia, Myanmar, Somalia, Siria y Yemen.

3) AISLAMIENTO INTERNACIONAL. Rota la estabilidad, el poder imperial recurre a las campañas de desprestigio institucional para “aislar a los tiranos”. Para ello echa mano de sanciones económicas, embargos y bloqueos, como se ha visto en Cuba, Palestina, Iraq…etc., aun sabiendo que los bloqueos son, en realidad, instrumentos de castigo para los pueblos.

.4) INTERVENCIÓN MILITAR .Finalmente, llega el momento de la guerra abierta, cuyo fin es la eliminación del enemigo, pero que se materializa cebándose en las víctimas, acosadas por ese proceso de desposesión virulenta, ya citado. Una agresión que siempre dura lo que le conviene al Imperio, no lo que dicte el Consejo de Seguridad de la ONU.

5) LAS VÍCTIMAS COMO NEGOCIO. Como colofón, el ciclo se cierra con el negocio de la reconstrucción de los países devastados, de la que se apropian las grandes empresas de los países agresores mediante contratos supermillonarios o licencias de explotación de sus recursos. Nadie se responsabiliza ni acepta a las víctimas, pero todos quieren los contratos de reconstrucción. Las víctimas serán olvidadas o abandonadas a las campañas de emergencias humanitarias de ciertas ONG o de programas de ONU, que nunca llegan a ser una solución política para los pueblos.

Respuestas de las víctimas.

Con todo, la violencia de la guerra imperialista no siempre basta para conseguir el sometimiento de sus víctimas. Con más frecuencia que la que desearía, el Imperio se topa con respuestas, a veces heroicas, por parte de los pueblos agredidos. Ahí están los casos del pueblo cubano, el pueblo palestino, las iniciativas bolivarianas, la existencia de los pueblos indígenas, el pueblo saharaui… etc.

De modo análogo al paradigma de la actuación imperialista, las dinámicas de resistencia comparten cinco tipos de elementos que se dan en casi todos los procesos exitosos:

  1. Un fuerte sentido de pertenencia construido desde la propia experiencia grupal y la toma de conciencia colectiva de las dinámicas de desposesión padecidas. Esa toma de conciencia aporta sentido de identidad colectivo y sirve para proyectar un futuro de libertad frente al poder imperial. Se conjugan así dos dimensiones fundamentales: Sentimiento de pertenencia y dimensión política.

  2. Elaboración de un proyecto colectivo de futuro. Abundan los ejemplos: el proyecto bolivariano a nivel regional, los proyectos socialistas, la preservación indígena de la madre tierra, los proyectos panafricanos…etc., son propuestas que abren vías en el imaginario colectivo para ofrecer horizontes de nuevas relaciones sociales, políticas, económicas y culturales

  3. Apertura e internacionalización. El sentido de identidad desarrollado por las víctimas del imperialismo no es cerrado. Su condición de víctimas genera una corriente de solidaridad entre los pueblos que adquieren la conciencia de que todos somos víctimas del mismo poder que somete y humilla.

  4. Fuerte organización social. Frente a la maquinaria militar del Imperio, es preciso recurrir a la fortaleza de una sociedad fuertemente organizada y una nueva institucionalidad. Ejemplos de nueva institucionalidad son proyectos como el ALBA, (frente al ALCA del imperio), o el reconocimiento por la ONU de la soberanía permanente del pueblo palestino sobre todos sus recursos naturales, en Diciembre de 2009. http://blogonuservicio.blogspot.com.es/2011/06/soberania-permanente-del-pueblo.html

  5. Soberanía. La resistencia de las víctimas, que se apoya en la experiencia, la identidad, el proyecto colectivo, la apertura, la organización social…. desemboca en el ejercicio de la soberanía, entendida como el poder y la capacidad de cada pueblo para definir sus propias políticas y sus propias normas de convivencia, asi como controlar sus propios recursos. Una soberanía abierta, dinámica, plural….

Responsables de la victimación.

Frente a la prioridad absoluta que los gobiernos han otorgado a la “guerra contra el terrorismo’, urge reivindicar la protección de los inocentes, la vigencia del Derecho Internacional Humanitario y del Derecho internacional de los DD.HH. El clamor de las víctimas por la verdad y la justicia, así como contra la impunidad, se convierte en ‘deber moral’ de primera magnitud para todo ciudadano consciente de nuestra penosa realidad. Vincular las barbaries de victimación con las ambiciones coloniales que las promueven y exigir justas responsabilidades por tales crímenes, constituye hoy un imperativo ético.

Porque, en efecto, estamos ante víctimas de las ambiciones imperialistas, no de guerras inevitables. Y tras ellas están personas concretas, instituciones precisas y entidades nada inocentes. Esa responsabilidad debe ser señalada y denunciada por solidaridad con las víctimas. Al hacerlo, hay que denunciar a varios tipos de victimarios:

  1. Las Corporaciones multinacionales occidentales, en especial, las empresas de armamento que, radicadas en EE-UU y Europa, suministran armas a países agresores, como Israel, Arabia Saudita o Turquía, o a grupos fundamentalistas y mercenarios; De igual modo, las empresas que se disputan los grandes contratos de reconstrucción de los países devastados con su ayuda; y, en general a las Trasnacionales extractivistas que explotan recursos geomineros, energéticos o estratégicos.

  2. Las instituciones financieras internacionales (BM, FMI, BCE…), que imponen políticas de ajuste brutal a casi todos los pueblos del Sur, esclavizándoles a través del yugo implacable de la deuda. Lo mismo, los bancos privados que financian campañas de guerra en busca de altos beneficios. Así Goldman Sachs, en coordinación con la OTAN, se apropió de grandes fondos públicos de Libia en 2010.

  3. Los Gobiernos, las alianzas internacionales y las instituciones políticas a su servicio. EE.UU; Reino Unido y Francia por su intervención militar en Oriente Próximo (Afganistán, Iraq y, sobre todo, Siria); la constante intromisión de Francia, en África ecuatorial; el colaboracionismo de países europeos, como Polonia, Rep. Checa, Grecia, España, Hungría o Rumanía. Y, por encima de todos, la permanente agresión de Israel sobre el pueblo palestino, sirio y libanés. Y, cómo no, denunciamos y condenamos abiertamente la política xenófoba de las Instituciones Europeas (Comisión, Consejo de Europa y Parlamento) ante los refugiados que llegan en busca de un salvavidas.

  4. Las fuerzas armadas que, violando la legalidad internacional, intervienen militarmente en países soberanos. En particular, la OTAN, organización militar que, bajo la batuta de EE. UU, destruyó en 2011 Libia, facilitó y encubrió operaciones de limpieza étnica en Kosovo a cargo del UCK; pertrechó a los talibanes en Afganistán, y devastó después todo el país; la organización que engloba en su seno a los estados que destruyeron Iraq, y que son los mismos que financian, entrenan y arman a los yihadistas radicales que sostienen la barbarie en Siria.

Finalmente, es preciso alertar sobre las responsabilidades de grandes sectores de la ciudadanía europea que, instalada en la ignorancia o en la cultura de la sospecha ante el forastero, permite con su inhibición o hipócrita neutralidad, el auge de conductas alimentadas por el odio y de políticas cada vez más xenófobas. Las víctimas, a las que de momento se les niega el derecho a la verdad y a la justicia, no podrán olvidarlo.

Porque la dignidad de las víctimas exige verdad, justicia y reparación, nunca impunidad,

¡PAREMOS LA GUERRA!

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(Texto original, completo, en pdf, del que este documento es un resumen)

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