Reconciliación y perdón son sinónimos de impunidad

Sara Rosenberg*

21 enero 2018

La lucha por la memoria y contra la impunidad del terrorismo de estado vertebra la lucha del pueblo argentino.

Es un tema profundo. Es la lucha por nuestra historia, que sintetiza la consigna clara y contundente: Memoria – Verdad – Justicia.

Es la lucha de las madres, los familiares, los hijos -y de todos los que no olvidamos ni perdonamos- lo que ha permitido juzgar a una parte de los genocidas -militares, policías- implicados en el terrorismo de estado que acabó con la vida de treinta mil detenidos desaparecidos, robó niños, asesinó impunemente y devastó el país para imponer un proyecto económico que sólo podía imponerse a sangre y fuego. Y que hoy de una manera mutada sigue imponiéndose con la violencia de clase -mediática y física- que necesitan para someter a la gente.

Hay una continuidad en el proyecto que hoy está llevando adelante la oligarquía -con sus representantes parlamentarios- para imponer nuevamente a sangre y fuego el neoliberalismo. El despojo y la desposesión de las mayorías incrementa la acumulación que necesita el capital financiero y de las grandes corporaciones. La lucha de clases es aguda. Y en esa lucha la bandera de Memoria – Verdad y Justicia ha permitido y permitirá la cohesión que las grandes mayorías necesitan para enfrentarse al mismo enemigo de siempre. Hoy vestido de amarillo –el color del PRO- y apodado la “fiebre amarilla”.

No es casual que el macrismo libere a los genocidas que han sido juzgados y que deberían permanecer para siempre en prisión. No es casual, porque son sus socios desde siempre. El grupo económico “Macri” fue uno de los favorecidos por la estatización de la deuda privada llevada a cabo en 1982 por el Estado Terrorista . El pueblo tuvo que cargar con las deudas de los especuladores, como en el caso de las empresas del grupo –SIDECO, SEVEL Y FIAT – que llegaron a más de 250 millones de dólares .

Ninguno de los militares juzgados por crímenes de lesa humanidad -tortura, asesinato, robo de niños- se ha arrepentido y mucho menos ha dicho nada sobre dónde están los desaparecidos o los hijos nacidos en cautiverio. Funcionan, hoy como ayer, con espíritu de cuerpo y siguen siendo fieles a su ideología criminal. En los setenta se desata en todo el cono sur de América la cacería y el crimen contra la organización popular y contra el pensamiento antiimperialista; un proyecto que se preparó detalladamente y es posible decir que se inicia con el golpe contra el gobierno de Salvador Allende en 1973, preparado por los chicago boys y su mentor intelectual, -Friedman- y su mentor logístico el gobierno de USA, la CIA y como no, el ubicuo Kissinger.

No es casual que ahora el golpe parlamentario en sus variadas formas y la represión se desaten -Argentina, Honduras, Perú, Brasil…- porque una vez más necesitan acabar con la resistencia de los pueblos a la política neoliberal. No es casual tampoco que todavía no se haya podido llegar a juzgar a las empresas que participaron en este genocidio y que tienen nombres propios: Ford, Mercedes Benz, Ledesma, Clarín, etc. y a toda la red civil que financió, apoyó, participó y fue cómplice de los crímenes de lesa humanidad.

La red civil criminal ha salido indemne de estos juicios, por el momento, y sigue gobernando el país. Y siguen operando desde el mismo lugar y con el mismo objetivo: robar y acumular. Sólo que ahora lo hacen de una manera más “democrática”, no necesitan un golpe de estado militar porque han desarrollado técnicas de un alto nivel de perversión del discurso capaces de enloquecer a una parte de la sociedad -esa clase media que aspira a compartir el botín- decidida a sostener a los verdugos y a repetir sus mentiras de cruel y mediocre manual evangélico-goebeliano mientras es saqueada a mansalva.

En ese contexto se ha producido un hecho de enorme importancia para la salud mental -salud histórica- de nuestro pueblo: los hijos e hijas de los genocidas hablan, cuentan la verdad, se organizan y se movilizan junto a las familias que han sido víctimas del terrorismo de estado y en sus testimonios hay una dignidad asombrosa. Una elección y una lección de valentía que nos demuestra una vez más que la voluntad humana existe y que cuando hay voluntad los vínculos profundos se transforman y pueden transformar el horror individual en justicia colectiva.

He leído y he escuchado a la hija de uno de los más sanguinarios verdugos de nuestro pueblo, la hija de Etchecolatz. Y he recordado aquel viejo libro de Franz Fanon, Los condenados de la tierra, cuando analiza lo qué sucedía con los asesinos y torturadores que volvían a sus casas y hacían “vida normal” –golpeaban y violentaban a su familia- y también recordé aquella frase: “matar a un colonizador es matar dos pájaros de un tiro: es matar a un asesino y matar al esclavo para que nazca un hombre libre”.

Ha pasado mucho tiempo, pero la memoria de nuestro pueblo es una memoria que renace, crece y se fortifica. Que se hace cada día más dueña de su historia y no lo hace desde el lugar que la oligarquía hubiera querido que lo hiciera, desde el victimismo, sino desde un profundo combate por la justicia y por el necesario castigo y juicio y prisión a los culpables. Este combate por la historia es un combate ético y político de largo alcance.

Los genocidas son gente peligrosa, son asesinos y seguirán asesinando. Siguen sirviendo al mismo proyecto político que hoy encarna Mauricio Macri y sus cómplices. Por eso Milagro Sala sigue presa, por eso el crimen de Santiago y Nahuel y la brutal represión contra el pueblo mapuche se desata, por eso encarcelan a dirigentes sociales y políticos, por eso allanan locales de organismos de derechos humanos y fraguan causas y noticas falsas cada día, por eso se atreven a hablar de “reconciliación como en Sudáfrica”, y por eso hoy en la Plaza de Mayo una vez más se les ha respondido con claridad que no perdonamos, no nos reconciliamos y no olvidamos. 1 “Reconciliación y perdón son sinónimos de impunidad”, dijeron miles de voces memoriosas.

En España, hasta el día de hoy las fosas y los crímenes del franquismo siguen impunes. Y no se trata -como la burguesía española franquista y liberal dice- de crear conflicto o reabrir heridas y hasta el insultante querer cobrar indemnizaciones, sino que se trata de cómo los asesinos siguen siendo impunes y se perpetúan -y los muertos desde el 36 hasta ahora no descansan-, de cómo la historia ha sido transformada en un vacío, en una zona opaca que impide crecer y comprender que se ha robado no sólo el derecho a las victimas de la dictadura sino el derecho de varias generaciones a saber quienes son y adonde van. El olvido -consensuado por los partidos políticos y muy bien articulado desde Washington- pudrió la posibilidad de hacer justicia y nunca mejor dicho entronizó a la monarquía como sucesora del régimen. La tergiversación y el robo de la historia es la gran tragedia del pueblo español. Y es desde allí desde donde se deberían leer los conflictos actuales y el desgraciado rol de “imperio con muletas” como lo llamaba Fidel, con su papel de socio asociado en sociedad con el imperialismo norteamericano que le paga con el papel de mediocre potencia colonial en América Latina y partícipe en las guerras más sucias en Oriente medio, en África y en el este de Europa. Pedacitos de botín y siembra de bases militares para operaciones que de poco le sirven al pueblo español, condenado día a día a perder sus derechos políticos y sociales más elementales, mientras crece una juventud desmemoriada, carne de cañón para empresas y ladrones de cualquier futuro.

¿Cómo podría existir esa pretendida reconciliación-perdón con los asesinos?

El pueblo argentino tiene una excelente salud histórica, una buena memoria y jamás olvidará ni permitirá la impunidad.

Y es una lucha profunda, abarca todos los aspectos de la vida porque es una lucha por la historia y por eso es una lucha que alumbra el futuro.

1 https://www.pagina12.com.ar/90673-reconciliacion-y-perdon-son-sinonimos-de-impunidad


*Sara Rosenberg es miembro del Foro Contra la Guerra Imperialista y la OTAN

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