Trump: Discurso sobre el Estado de SU Nación. ¿Personalidad o clase?, contra Cuba y el resto del mundo.

Ramón Pedregal Casanova*

Llegó a la tribuna del Congreso precedido de un ujier abriendo paso, y su grupito le aplaudió. El Presidente más ridículo del mundo, el que no conoce el significado de muchos de los términos que emplea para hablar de política y relaciones internacionales, entró a paso de pato. Lo habrán adivinado, se llama Donald, pero Donald Trump. Calzaba botas militares y los pantalones del traje le quedaban arrugados por encima de ellas. Más arriba, a la altura de la entrepierna le colgaba la lengua de la corbata azul bajo la chaqueta abrochada. Y, finalmente, encima de su cara retostada con infrarrojos, se había puesto, o su peluquero le había hecho con el pelo frotado con colorante paellero, un tupe en forma de avión bombardero que le cubría la calavera. Quizás fuese el peso del avión el que le hacía meter la barbilla, o quizás es que no tiene cuello, pues le sobresalía colgando la papada que tiene y le asemeja a un marabú. ¿Saben de esa nube de humo que echan en el teatro para simular neblina?, pues con Donald Trump llegó una nube, pero no de humo sino de olor a coliflor, a azufre, el olor del demonio; no es casualidad que el negocio de Arturo Ui, el mafioso mencionado por Bertolt Brecht, sea la extorsión mediante la venta de coliflores.

¿Extorsión?, él extorsiona, no dialoga, hace de cobrador de la banda. ¿Qué fue a decir al Congreso?. Un momento, detengámonos antes en 2 detalles que nos permitirán comprender mejor sus palabras: tras él se quedaron los 2 palmeros, esos que jalean al que lleva la voz cantante y que preparan con él el espectáculo. Los 2 palmeros, ese par de detalles, tienen nombre y responsabilidad:

El 1º: Paul Ryan, es presidente de la Cámara de Representantes de EEUU, antiemigrantes, es de familia originaria de Irlanda y Alemania e Inglaterra. Seguidor de ultra “liberales” como Friedman o Hayek, enemigos absolutos de todo lo que sonase a bien social. Se ha dedicado a escribir los discursos de la Freedom Works, esa organización ultra que promueve la supresión mayor posible de impuestos y la desregulación de toda organización del mercado. También escribía los discursos del vicepresidente Kemp, elegido en 1996. Seguidor de Bush, jaleó la invasión de Iraq en 2003.

Según el análisis estadístico histórico de Nate Silver “Ryan es el miembro republicano más conservador del Congreso desde al menos 1900, y más que cualquier candidato a la vicepresidencia del Congreso elegido desde el cambio de siglo”.

Plitifact.com, analizando sus numerosas declaraciones, concluyó que tan sólo el 10,5% de sus declaraciones contenían algo de verdad. Un congresista que se le oponía para acceder al puesto declaró que la labor de Ryan se caracterizaba por el “amiguismo y la corrupción”.

Un ejemplo de la labor que ha llevado a cabo: Ryan, con el voto republicano en el Congreso, derogó la Ley de Asistencia Asequible, y declaró que el Seguro Social era un “sistema basado en el socialismo”. Sobre toda su acción política pone su creencia católica.

El 2º palmero, el 2º detalle: Mike Pence (pence se traduce como penique ¿el apellido será por su entrega al gran capital?). Mike Pence es todo lo contrario a cualquier avance por el camino social. Los datos más conocidos hacen ver que es enemigo acérrimo de la mujer, los homosexuales, la comunidad LGTB, y cualquier ser humano o asunto que tenga que ver con lo que se les relaciona.

Mike Pence es antiabortista y participa de la propaganda contra ese derecho de la mujer. El demoníaco Pence también es enemigo acérrimo de los homosexuales; se dedica a derribar la Seguridad Social bajo el programa del Obama Care; irradia odio contra la subida del salario mínimo; se opone a la igualdad en el salario entre mujer y hombre por el mismo trabajo; es enemigo de la venta de preservativos, de los centros de planificación familiar y de las pruebas de VIH, de los LGTB, del matrimonio homosexual, de que en el ejército se declaren homosexuales, de las campañas antitabaco, niega toda ayuda a los refugiados, …

Se hacía preciso señalar a éstos pinches porque sus ideas las transmite Donald Trump. Donald Trump es una especie de navaja suiza para la gran burguesía imperial. Es un comodín. Él no tiene ni la capacidad de composición ni de interpretación razonada de lo que dice, su capacidad para explicar es muy limitado. Donald es un personaje que lo mismo grita que se pone ñoño. Es patético, sus directores le ponen las palabras en la boca. ¿Y qué hacen los que le dirigen desde arriba?: esa dirección del gran mundo financiero ve que se le cuartea el suelo, que se viene otra crisis y mayor encima, y ha optado por la solución que ha empleado otras veces en sus casos críticos: “una situación desesperada exige no reparar en medios sean cuales fueren. Por otra parte, las generalidades se difuminan cuando llega el momento de la verdad”, son palabras del libro La orquesta roja. La gran burguesía imperial ha puesto a un tipo como Trump, histriónico, que llama la atención continuamente, narcisista, que trata de ridiculizar a cualquiera para situarse por encima. Trump no siente empatía con nadie, no concibe la ética, pero sí busca la admiración de cualquiera, sus gestos buscan continuamente darse aire de grandiosidad, y promete hacer daño, necesita sentir que hace daño a quien no puede doblegar. Sus palmeros lo saben y le azuzan.

El 30 de Enero se presentó ante el Congreso en las condiciones que se han expuesto, pero hay un dato que no debemos ignorar: éste personaje que accedió a la presidencia con tres millones de votos menos que la Clinton, así es la “democracia” capitalista, se puso ante el micrófono con tan sólo un 38% de aprobación de su gestión en el primer año. Según las encuestas de sus mismas empresas hay Estados como el de Washington en el que nada más que el 6% le favorece, y es que él/ellos han abierto un abismo en las diferencias de las clases sociales siguiendo las directrices del aparato militar financiero, han estigmatizado a la población trabajadora emigrante, han marcado de modo imperecedero la división social por razas, han recortado el presupuesto social y han hecho una reforma fiscal desde la que los ricos no contribuyen o apenas lo hacen. Pero a él y a ellos ¿que les importa?. En el Discurso sobre el estado de su Nación ha contado el cuento de la divinidad, ese que a los gobernantes dictadores les sirve para escudarse, en este caso en versión yanki: “la fe y la familia, no el gobierno y la burocracia, son el centro de la vida estadounidense. Nuestro lema es: “confiamos en Dios”.

Sobre esa manta tapando el suelo descargó toda su justificación, sus amenazas y sus próximos actos criminales; si arremetió contra Corea del Norte, (de la que dijo “estamos llevando a cabo una campaña de máxima presión”) contra Irán, Rusia, China, … fue a detenerse en Cuba. Resulta llamativo que lo hiciese tras declarar que iba a aumentar el presupuesto para la guerra invirtiendo en armas de destrucción masiva: “modernizar y reconstruir nuestro arsenal nuclear haciéndolo tan fuerte y poderoso que disuada …”, luego su intención era aterrorizar, ¿al pueblo cubano?, ¿al mundo entero?, ¿por qué lo dice tan claramente?. Y siguió hablando contra la nación que lucha por mantener su independencia, su soberanía, que exige respeto: “Acabo de firmar una orden ejecutiva para … mantener abiertas las instalaciones (ilegales, dicho por todo el mundo) de la bahía de Guantánamo”. Parece que quería aterrorizar también al advertir que desde ya extremaba la guerra de las sanciones contra Cuba y Venezuela. Que el bloqueo, acción de guerra contra la nación que no ha sido vencida, iba a ser aún mayor que hasta ahora: prohibiría a los millones de estadounidenses que viajasen a Cuba, vaya con la libertad de movimientos, y además iba a prohibir el poco intercambio cultural realizado. Teme que el pueblo estadounidense se sienta influenciado por Cuba.

La gran burguesía imperial ve venir su propia crisis, su dominación se cuartea y decae, luego le urge tomar medidas drásticas, aquí queda mejor la frase “una situación desesperada exige no reparar en medios sean cuales fueren. Por otra parte, las generalidades se difuminan cuando llega el momento de la verdad”, para eso la gran burguesía imperial necesita a un necio que diga lo que dijo también como reafirmación: “ La debilidad es el camino más directo hacia el conflicto, y el poder inigualable es el medio más seguro”.

El endemoniado matón con su olor a azufre no sabe lo que quieren decir las palabras “respeto”, “soberanía”, “igualdad”, “justicia social”, términos con los que se le responde. Él no es el ejemplo de ser inteligente. Su cabeza, su calavera con su peinado ridículo, no es un peligro, el peligro lo tienen quienes le dan las órdenes. Donald Trump no es precisamente un volatinero, no es un equilibrista, no sabe andar en el alambre, es, como decía, una navaja suiza,sirve para varias cosas siempre pequeñas, sus Ryan y Pence lo tiran al micrófono y el, histriónico, amenaza con matar, con sojuzgar al mundo, mientras con sus botas militares patea el suelo del estrado desde el que se dirige a los colegas, dice, en nombre de Dios.

Donald Trump, marcando el paso como un pato, desprendiendo siempre el olor a azufre de su clase, destaca por ser basto, tosco, grosero, los representa sin instrucción humana, sin capacidad para la empatía, amorales.

Tras el Discurso sobre el Estado de la Nación la cotización a la baja del imperio yanki cae como una piedra desde el cielo: ha prometido hacer sufrir al mundo. Ha destacado con palabras firmes en su crimen que va a emplear más fuerza contra Cuba. Saben los que se ocultan tras Donald que la Cuba revolucionaria nos defiende y con ello nos educa, nos da ejemplo para de resistencia al dictador del mundo.

Lo que sigue no son mis palabras, dejo aquí la declaración de Ender Helvacioglu, editor de la revista Bilim ve Gelecek (Ciencia y Futuro) como ejemplo de valoración de los pueblos: “Trump ha comprometido esta imagen de EEUU … (que) está considerado ahora la principal fuente de problemas en el mundo … esto siempre ha sido así, pero Trump probablemente ya no busca ocultarlo. … la administración imperialista de EEUU es el mayor problema del mundo, y cada vez más personas en todo el mundo se están dando cuenta. No es sorprendente que la tasa de credibilidad en los EEUU sea muy baja. Lo que es sorprendente es que no sea aún más baja”.


*Ramón Pedregal Casanova es autor de los libros: “Gaza 51 días”, “Palestina. Crónicas de vida y Resistencia”, “Dietario de Crisis”, “Belver Yin en la perspectiva de género y Jesús Ferrero”, y “Siete Novelas de la Memoria Histórica. Posfacios”. Presidente de la Asociación Europea de Cooperación Internacional y Estudios Sociales AMANE. Miembro de la Comisión Europea de Apoyo a los Prisioneros Palestinos.

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