Odiar: un verbo delictivo

Yldefonso Finol*

I. La jurisprudencia española define a los delitos de odio como “aquellos incidentes que están dirigidos contra una persona motivados por un prejuicio basado en: la discapacidad, la raza, origen étnico o país de procedencia, a religión o las creencias, orientación e identidad sexual, situación de exclusión social, o cualquier otra circunstancia o condición social o personal.

El establecimiento del “delito de odio o fomento de la violencia contra grupos o personas determinadas por motivos racistas, étnicos, ideológicos, religiosos, etc., pretende proteger el respeto al diferente, sometiendo las libertades de expresión e intelectuales, a un principio superior: la igualdad y dignidad de todos los ciudadanos”.

Esta pareciera ser la motivación especial del espectáculo fascista montado por la oposición que ya ha cobrado medio centenar de víctimas fatales.

“El delito de odio, busca transmitir un mensaje de intolerancia a un segmento de la población o a toda ella, mensaje que se materializa en actos de violencia moral, psicológica y física contra aquel que pertenezca –o el delincuente suponga que pertenezca– a un determinado grupo de la sociedad. Se trata de una advertencia de mayor violencia futura para el resto de miembros de dicho grupo”.
Nunca mejor dicho, el mensaje es claro, si la derecha toma el poder, la razzia antichavista será descomunal. Lo que varios comandos criminales han hecho en dos meses, pasaría a ser política de Estado.

II. El juego del fuego

Algo más que pirómanos, los Nerones que mantienen en zozobra a la población, han hecho del fuego un arma cruel entre lo cruel.
Al joven quemado y apuñaleado en la exquisita Altamira, lo prejuzgaron por los estereotipos impuestos: moreno y pobre; o sea, chavista.
Los “héroes” de la derecha fascista ganan su propio videojuego, donde la destrucción del otro es la clave del éxito, como diría un manager neoliberal.
El concejal derechista Scharifker, dijo en televisión que el “quemado confesó haberse robado algo”, y que las protestas “estaban logrando su objetivo”.

III. La apología verduga

Tulio Hernández -sociólogo- y César Miguel Rondón -publicista- dan ánimo al fascismo, hacen loas al incendiario, llaman a cazar chavistas, a rajarles el cráneo con materos o moldes de hielo. “A sangre fría”.
Lo dicen mientras mueven el baso de wiski on the rock con la derecha.
¿Cuánto habrán cobrado por la cuña?
La incitación al odio también es delito. Recuerden Ruanda: “Los medios jugaron un papel fundamental en la gestación del genocidio ruandés. Valerie Bemeliki fue una de las seis locutoras que trabajó en la programación especial de la radio Mil Colinas que incitó el genocidio. Por ello, ahora cumple cadena perpetua”.

IV. La invasión ya está aqui

Al Gobierno se le pueden achacar errores en política económica o ineficiencia en algunos servicios, pero no violación de Derechos Humanos. La Constitución prohibe el uso de armas en las manifestaciones y el Presidente lo ha cumplido con celo extremo. Varios agentes del orden incursos en abusos están presos y juzgados.
Las marchas chavistas son pacíficas, frecuentes y multitudinarias. Sabemos que hay rabia contenida y disposición combativa. Los líderes opositores deberían entrar en razón y recoger las lanzas. Aceptar el diálogo para poder encaminar las diferencias hacia lo electoral. Pero el plan es la violencia.

Un poder externo acecha muy cerca para despedazar a Venezuela, aprovechándose del caos interno. La MUD pasará a la historia como el Caballo de Troya contra su propio país.


*Militante bolivariano

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