Ramón Pedregal Casanova*
Llegó a la tribuna del Congreso precedido de un ujier abriendo paso, y su grupito le aplaudió. El Presidente más ridículo del mundo, el que no conoce el significado de muchos de los términos que emplea para hablar de política y relaciones internacionales, entró a paso de pato. Lo habrán adivinado, se llama Donald, pero Donald Trump. Calzaba botas militares y los pantalones del traje le quedaban arrugados por encima de ellas. Más arriba, a la altura de la entrepierna le colgaba la lengua de la corbata azul bajo la chaqueta abrochada. Y, finalmente, encima de su cara retostada con infrarrojos, se había puesto, o su peluquero le había hecho con el pelo frotado con colorante paellero, un tupe en forma de avión bombardero que le cubría la calavera. Quizás fuese el peso del avión el que le hacía meter la barbilla, o quizás es que no tiene cuello, pues le sobresalía colgando la papada que tiene y le asemeja a un marabú. ¿Saben de esa nube de humo que echan en el teatro para simular neblina?, pues con Donald Trump llegó una nube, pero no de humo sino de olor a coliflor, a azufre, el olor del demonio; no es casualidad que el negocio de Arturo Ui, el mafioso mencionado por Bertolt Brecht, sea la extorsión mediante la venta de coliflores. Seguir leyendo Trump: Discurso sobre el Estado de SU Nación. ¿Personalidad o clase?, contra Cuba y el resto del mundo.

